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INFANCIA DE JEPPINO GAMBARDELLA


Este ha sido un cuadro frenético, que he encendido en apenas hora y media esta mañana (26/12/2013), sin tener muy claro del todo hacia dónde iba, excepto por la base cromática de una imagen de referencia. 

Pero al final ha sido agradable encontrarme con las calles del pueblo de Jep Gambardella. Quizá sea este su primer recuerdo, noche lluviosa y fría, asomado desde el carrito de bebé. Dice Jep que, de niño, sus compañeros siempre decían que lo que más les gustaba del mundo eran los coños. Pero para él, lo mejor era el olor de las casas de los viejos. Y es que Jep estaba destinado a la sensibilidad; destinado a convertirse en escritor. 

Básicamente lo he pintado con una brocha ancha pero de cerda muy fina, firme y agradable. Solo para algún pequeño detalle he utilizado un pincel medio, repasado luego por el ancho. 

Ha sido una de las experiencias más gratificantes. Iba con una abstracta imagen de referencia, pero que de alguna forma anunciaba la gama de colores que me apetecía jugar. He inventado formas, destellos, historia y contenido, pero es bueno no ir de vacío a la sesión porque puede que al final no termines en ningún lado. Llevar un mapa es bueno, aunque lo tires al suelo al primer brochazo. Me lo digo continuamente, pero muchas veces falto a este sencillo precepto: no se puede pintar la nada. Y tampoco tendría sentido conseguirlo. ¿O sí?


HERIDO



Durante la redacción de Con todo el odio de nuestro corazón, fueron gestándose cuadros que simplemente usaba como escape. Sábados por la mañana empleados en limpiarme la mente concentrado en problemas de color, línea, ejecución y poco más.

Siempre quise hacer un cuadro de explosión de colores, muy al estilo de Viola, y este fue el resultado, casi en una sola sesión, aunque con leves retoques de amarillo en el centro de la herida durante el fin de semana siguiente.

Soy poco dado a trabajar más de una sesión en cuadros cuya abstracción nace de un impulso momentáneo. Por eso, al contemplarlos una semana después, no me queda más que aceptarlos. En este caso me gustó, aunque no quedé satisfecho inicialmente al terminarlo. Se necesita también distancia y aprender a mirar el cuadro como lo que es y no como lo que querías que hubiera sido.

Ahora, al echar la vista atrás, me doy cuenta de que todos esos cuadros que pintaba frenéticamente durante la redacción de la novela, tenían mucho que ver con el estado de ánimo de ese relato y sus gentes, que no son otra cosa que historia y ciudadanos presentes de nuestro país. Esta herida lo decía todo. Y sus colores también. Supongo que el subconsciente encierra mucha más lógica de la que estoy dispuesto a asignarle.

MARTA Y MARÍA


No entendía qué estaba pintando hasta el día siguiente, cuando me di cuenta de que eran Marta y María yendo hacia una cabaña fuera de época donde les espera su hermano Lázaro. No sé si es un trance postmortem, enfermizo limbo donde por fin se reúnen de nuevo para penar unos años. Ellos sabrán por qué. Igual la cabaña es la entrada a otra nueva dimensión. O quizá el trance final hacia la desaparición o una extenuante vida eterna.

Me gustó darle ligeros tonos azules y verdes que se come el negro prácticamente por entero, pero en realidad no hay casi negro puro nunca.

Como ya comenté en alguna entrada de mi blog, no es extraño que esta estampa tenga su origen en alguna película de la Hammer. Entre Virgenes o Novias de Drácula, diferencio más bien poco.

Me llevó una tarde energética pintarlo (Día de Difuntos 1-11-2013), sin boceto previo ni plan demasiado concreto. Alguna referencia de internet y poco más. Cuatro horas. Hogar perfumado de trementina. Hijos y mujer quejándose. Con razón. Casi nunca pinto en casa. Y de hacerlo, suele ser con disolventes inodoros. ¡Qué inventos! Pero el aguarrás da temple y potencia la jugada. Energía en su perfume embriagador.